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viernes

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Meses. Largos meses sin ingresar Second Life. ¿Y cuál es mi sensación?
Aún me cuesta entender. Los sitios donde solía dar vuelta aún existen, persisten, pero están más baldíos que nunca. Soy como un fantasma (una imagen entre otras).

Tengo una lista no muy extensa de avatares. Pero ninguno de ellos parece conectarse nunca. Nunca experimenté tanta extranjería. Estoy en un mundo en el que nadie parece conocerme. Un perfecto extraño. Incluso para mí.

¿Qué planes tengo? Ojalá pudiera hacerme de alguno. Ciertos blogs que leía siguen ahí.
Debería pedirles consejo.
O asilo.

jueves

Otra vida


Es un sitio precioso. Es mi refugio. Si en RL vivo en un departamento, en plena ciudad, SL me sirve para, sin abandonar casa, refugiarme en la imaginación de la naturaleza. Escribo. Escribo en RL mientras paseo en SL. Lo hago en un bloc de notas. Es como irme de vacaciones. Repensar mi vida. Divagar. Reencontrarme. Pensar de cuantos modos puedo ser yo. ¿Si algo como SL puede ayudarme a mejorar? Si me da paz ¿por qué no? Sólo que aprendo a diseñarme esos momentos.




Elijo lo que no quiero vivir, me aparto. Me preservo para aquello que me hace gustar de mí. Todo lo contrario al conformismo narcisista.



Ir abandonando la urgencia. Decimos que Second Life es otro tiempo, otra velocidad. Muy bien, pero ¿por qué tan rápido? Estoy intentando otra cosa. Ir más lento. Que el tiempo en mi metaverso (cada cual vive el suyo) sea mas relajado. Me pregunto ¿qué vida me gustaría realmente llevar? ¿Por qué cuando pensamos en experimentar con un software enseguida pensamos en narrativas con una estética cyberfuturista? Mi intensidad ahora es otra.

miércoles

Dentro, pero de otra forma

Vivimos en nuestras ficciones. De otra forma diferente a Real Life, pero vivimos.
Volví a visitar mi bar beatnik favorito. La vida está en sus textos. Ahora es pura forma.
Soy un avatar haiku. Mi vida está en unos pocos pixeles.
Tiene su sonido, su furia. Su inconsistencia.
Puedes vivir muchas vidas.
Retrospectivamente también.

Avatar Haiku

"El laberinto nunca estuvo en mi cabeza, sino en tu mirada." Por eso, cuando me supera la lectura de tus movimientos, simplifico lo que veo. Siempre me queda lo mismo: imágenes inolvidables y palabras que multiplican sus sentidos.


Como fotogramas de un film, o como la escritura japonesa, las imágenes regresan a mi memoria así, en forma vertical. Los occidentales somos barrocos por fatalidad. Creemos que la cantidad y la acumulación son potencias que juegan a nuestro favor. Second Life me sirve para despojar. Cada vez menos. Menos cantidad, más dirección.

La precisión es un mito. No lo precioso, que es lo que atesoramos. Cada vez que apago mi máquina, resguardo unas breves pinceladas de acción, como en la pintura sumi-é. Las personas que me cautivan adoran la fugacidad, igual que yo. Lo que más me gusta de este programa es que no me recarga. Al contrario, todo el tiempo aliviano aquí.

Velocidad, provisoriedad. Avatares que adoro y prefiero resguardan su mito-guión como si fuera una eternidad invaluable. Prefiero ser mallarmeano, jugarme cada paso a los dados. Conocí a una chica que para saber si tenía que tirarse el I Ching, se tiraba el I Ching.

Si no sonara tan ridículo y pretencioso me definiría como un avatar haiku. No hay potencia mas divina que la fugacidad. La paradojal fugacidad que dura para siempre.

Vivir (incluso virtualmente) nunca es atiborrar la existencia con experiencias. Qué ocurrencia mas absurda. Conozco avatares que mueren por conocer decenas de avatares y visitar miles de sitios. No se trata de economía. Sino de necesidad. ¿Lo intenso es lo mucho? ¿No estamos confundiendo los términos?